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Las muelas del juicio: mito y realidad.

Las muelas del juicio: mito y realidad.

¿Qué sabes realmente sobre las muelas del juicio?

Ains…las muelas del juicio. Cuánta mala fama tienen… Y ¿con razón o solo han sufrido una “campaña de desprestigio”? Vamos a desmontar los mitos que rodean a los terceros molares en este post de Martínez Avilés.

A qué llamamos muelas del juicio.

Así que primero, habrá que definir qué son. Las muelas del juicio, cordales o terceros molares con los últimos cuatro molares que erupcionan en los seres humanos, tanto arriba como abajo: es una muela por cada cuadrante bucal y se encuentra en la última posición de la dentadura, al fondo de la boca.

Anatómicamente, estas pueden tener entre una y cuatro raíces, tanto si son visibles como si no.

Periodo de erupción de los últimos dientes de la boca.

Pero para entender un poco la situación, recapitulemos las etapas por las que pasan nuestros dientes en la boca:

– Entre los seis meses y los dos años empiezan a salir las piezas temporales.
– A los cinco/seis años, comienzan a salir los primeros dientes definitivos.
– A los doce años termina de erupcionar los dientes permanentes (excepto los terceros morales)
– Entre los 17 y 25 años, comienzan a salir las denominadas muelas del juicio, aunque estas pueden estar en proceso de erupción durante años, sin salir completamente de la encía.

Por tanto, las cordales son las últimas de los últimos.

Muelas del juicio.

Muela del juicio, cordal o tercer molar.

¿Y para qué sirven los terceros molares?

Hoy en día, las muelas del juicio carecen de una función masticatoria esencial forzada por la evolución de la especie. Según la evidencia científica, los seres humanos tenían dietas mucho más duras que requerían una gran capacidad de trituración.

Si nos fijamos en nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés, con los que compartimos un ancestro común, estos tienen el mismo número de piezas dentales. Sus muelas son más anchas que las nuestras ya que las utilizan para triturar grandes cantidades de materia vegetal y corteza.

Chimpancé comiendo.

Las muelas de los chimpancés está preparadas para triturar duras fibras vegetales.

Pero nosotræs ya hemos dejado ese estadio. El estudio de los restos óseos a lo largo de la historia nos indican que nuestra mandíbula ha ido reduciendo su tamaño; esas muelas no tendrían sentido en la actualidad con comidas más procesadas y blandas, convirtiéndose en estructuras vestigiales, según referencias como en “Anatomía del cuerpo humano”, de Henry Gray.

Esta es la razón por la que se piensa que en la población actual un 10% de los individuos no tiene ninguna de estas 4 muelas y el 25% carece al menos de una de ellas.

Falso o verdadero.

Ya sabemos que tienen mala fama, ¿pero es ganada a pulso o solo mitos? Hay mucho más de lo segundo. Veamos:

1. Siempre deben extraerse.

No. Las muelas del juicio, como el resto de los dientes, solo deben quitarse si no hay espacio para que broten en las arcadas o se encuentran impactadas (no logran salir de la encía) y están presionando la pieza más cercana dando lugar a síntomas como dificultad para abrir la boca, dolor en las encías (periodontitis ) o de cabeza, inflamación…

¿Qué sucede? Se estima que alrededor de tres cuartas partes de la población mundial tiene una cordal impactada, lo que hace que las posibilidades de ser extraídas sean altas. Pero incluso así, hay personas que son asintomáticas.

Erupción parcial de una cordal.

Erupción parcial de una cordal: en el proceso se genera una inflamación transitoria de la encía.

2. Mueven o tuerce el resto de dientes.

Tampoco. No hay evidencias suficientes que demuestren que las muelas del juicio tenga fuerza suficiente para empujar y apiñar al resto de los dientes, sobre todo, en la parte frontal. Pero si están impactadas o crecen torcidas pueden causar otros problemas que alteren la mordida.

Además, extraer las muelas del juicio no garantiza que tus dientes mantengan su alineación de por vida, ya que el movimiento dental es un proceso natural a lo largo de los años. Hay más probabilidades que tu genética determina la posición de tus dientes que tener o no muelas del juicio.

3. Todo el mundo las tiene.

Ya lo hemos comentado. Se ha convertido un una pieza a desaparecer por falta de “uso”. En el 10% de la población, ninguna de las cuatro se ha formado; o solo se forma alguna de ellas pero no todas en el 25%.

La evolución a mandíbulas más estrechas hace que con el tiempo haya menos espacio y que éstas ya no salgan. La naturaleza es sabia.

4. Si no duelen están sanas.

Depende, como dice la canción. Cabe la posibilidad de que una muela del juicio esté retenida (impactada dentro de la encía) sin causar dolor inicial, pero logre dañar las raíces de los dientes vecinos o, incluso en casos más avanzados, generar quistes. En una revisión anual (de ahí su importancia) nos podemos percatar de esta situación y actuar de la forma más adecuada. Con una simple radiografía panorámica comprobamos en qué estado de formación se encuentran y cuál es el mejor procedimiento a realizar.

Muela impactada

Recreación de una muela impactada sin afectación a la anexa.

5. La extracción es complicada.

No. Extraer una cordal no comporta un riesgo extra. Se tratar de un procedimiento simple o quirúrgico, y dependerá de varios factores: si la pieza ha salido o está atrapada bajo la encía, dirección de la muela… Pero es una intervención de lo más habitual dentro de una clínica odontológica.

¡¡¡Qué hay de nuevo, muelas!!!

Siguiendo al hilo, hace poco leímos en un artículo reciente en el portal de la Universidad del País Vasco en el que exponían como los terceros molares pasar de ser un desecho biológico a un repositorio de células madres. ¿Cómo? Porque en su pulpa dental residen células que podría dar lugar a neuronas funcionales. Teniendo en cuenta que su posible obtención es a través de una extracción dentaria, operación simple y poco invasiva, tenemos una posible fuente de tratamiento para problemas neurodegerativos. Seguiremos esta noticia y su avances.

Pulpa dental de una muela.

Pulpa dental de una muela del juicio: fuente de células madres.

Y por último…¿Por qué se llaman así?

Que nos gusta darle al palique, la lengua y a la etimología. La locución «muelas del juicio» procede del latín dens sapientiae, que a su vez deriva del término del griego antiguo sōphronistêres, que significa prudente. La idea proviene de que estas piezas dentales aparecen las últimas, cuando dejamos de ser adolescentes y entramos en la edad adulta, con más cabeza.

Lo gracioso es que tiene nombres similares en otros idiomas, incluso fuera de la influencia latina:

  • Diente de sabiduría, en francés: dent de sagesse.
  • Diente del juicio, en inglés: wisdom tooth
  • Muela de la mente, en árabe (ders-al-a’qel)
  • Diente de sabiduría, en chino (Zhi Ya, de Zhi (sabiduría) y Ya (diente))

En otros, recogen otras características de la vida humana:

  • Diente de los 20 años, en turco (20 yaş dişi):  se aproxima a la edad cuando salen.
  • Diente del amor, en coreano (사랑니), que hace referencia a ese primer amor que se vive y su posible dolor por la pérdida.
  • En japonés se le llama oyashirazu (親知らず), «desconocido para los padres» ya que a esa edad los hijos estaban independizados (ahora quizás no tendrían ese nombre)

Curioso que unas muelas, que algunas personas tienen y otras no, den tanto juego. Pero al final todo se reduce a higiene y revisiones periódicas para que estas no se conviertan en tu dolor de cabeza y solo en una fase más de tu vida.

Fuentes:

Medlineplus

Wikipedia

American Association of Oral and Maxillofacial Surgeons

Gaceta Dental

Escuela de Odontología de la Pontifica Universidad Católica de Chile

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